Santiago, 22 de agosto de 2019.-

Más allá de la clásica forma de organizarse, algunas empresas están optando por la autogestión.

Este sistema sustituye los equipos de trabajo con jerarquías y escalafones por una combinación de igualdad, autonomía y trabajo en equipo.

De acuerdo a Simón Álvarez, facilitador de Transformación Cultural en Grupo Cygnus, “en la autogestión las personas pueden sentir que tienen voz y voto, que no solo ejecutan directrices, sino que aportan sus visiones y creatividad”.

Esta empresa ha impulsado este sistema en algunas áreas como Servicios Transitorios y Contabilidad, que funcionan sin jefe ni gerente.
En esta forma de organizarse, los colaboradores dialogan, discuten, resuelven y adoptan en equipo las decisiones que antes tomaba el jefe, como contrataciones, remuneraciones, asignación de tareas, entre otros.
En decisión grupal en esta empresa han definido aumentos de sueldo según responsabilidad y funciones. “Culturalmente se cree que es imposible trabajar sin jefes. Pasado el tiempo, no sabemos qué decisión tomaba antes el jefe que fuera tan compleja que no pudiéramos adoptar nosotros”, advierte Melody Ulloa, integrante del área Contabilidad.

Distintas miradas

Uno de los beneficios de este sistema es que se aprovecha la inteligencia colectiva del grupo de trabajo y la colaboración. Los temas cotidianos son resueltos por cada trabajador, pero las decisiones más relevantes se resuelven en equipo, donde cada persona aporta su conocimiento y experiencia, para llegar a un consenso grupal. Así se aprovecha las inteligencia colectiva del equipo, y no solo de una persona, como es el jefe.

Los equipos o grupos de trabajo autogestionados se basan en la definición de roles y labores. Cada trabajador es empoderado, autorregula su desempeño con autonomía, define sus tiempos y prioridades. “Esta libertad va acompaña de compromiso y responsabilidad con tener nuestro trabajo al día, con el equipo y la empresa, porque lo que uno hace afecta a otros”, explica Loreto Gallardo, de la misma área.

También la burocracia desaparece. El colaborador no requiere la autorización de un jefe cuando necesita comunicarse con otros trabajadores o clientes, lo que agiliza la gestión en el trabajo y resolución de temas.

La autogestión estimula el desarrollo profesional porque cada colaborador debe profundizar y actualizar sus conocimientos para resolver materias sin la guía del jefe. Esta capacidad de decidir incrementa la experiencia laboral y el sentimiento de autorrealización en el trabajo.

Todo esto hace que al trabajar en autogestión, cambie la emoción en el ambiente laboral. Los colaboradores sienten libertad para gestionar su quehacer, sin el estrés que genera el control de la jefatura, lo que aumenta la motivación y el bienestar en el trabajo.

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